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Semáforo abierto para Marco Ferrara

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COSAS DE LA VIDA

Nos acompañarás durante el camino

Teníamos que visitar ese pueblo abandonado cerca de Zamora. Nos ibas a llevar tú, que sabías cómo llegar. Lo habíamos hablado en nuestra última parrillada todos juntos, el verano pasado en casa de Chelo.

José Luis, llevamos horas recordando como, de pequeños, eras el primero que se presentaba en casa cuando para las vacaciones de julio y agosto acudíamos a Anta, el pueblo de nuestras raíces. Procedentes de Madrid, Navarra, País Vasco, Barcelona, Francia, Suiza, llegábamos rotos por un viaje que entonces se hacía en coche incluso para los que suponía 17 horas de carretera. La recompensa era el recibimiento de ese amigo que reconocía el Alfa Romeo rojo de mi padre y se venía corriendo.

Contigo y los pocos que estabais allí durante todo el año, los chavales que nos juntábamos en la aldea nos íbamos juntos a explorar el mundo, el de las inmediaciones del pueblo. Tenía encanto esa naturaleza y esa libertad de las que no gozábamos en la ciudad. Nos pasaban cosas tan cómicas e irrepetibles como ser perseguidos por la calle por una vaca negra y tener que correr a esconderse en un pajar cuya puerta de madera sigue hoy marcada por los cuernos del feroz animal. Conocías los caminos por los que nos arriesgábamos a meter las bicis. Lo años pasaron y seguías siendo nuestra guía en la comarca de Sanabria-Carballeda cada vez que, ahora, se nos antojaba salir de senderismo.

Vivir en el pueblo no te había impedido acceder a una formación académica. Eras la prueba de que existe talento y preparación en la España rural, cuyo potencial sigue muchas veces despreciado.

Esta semana te has ido por sorpresa y a toda la gente de Anta, la que vive en el pueblo como los que estamos más lejos, nos has dejado hundidos en un dolor tan agudo como inesperado. Eras nuestro amigo del pueblo. Nuestro amigo de infancia. Te queríamos mucho.

A ese pueblo abandonado cerca de Zamora iremos igualmente, José Luis. Aunque tu cuerpo ya no esté, no tengas duda de que nos acompañarás durante el camino. Durante este y los siguientes.

Descansa en paz.

Sencillez del tomate

Quiero hablaros del tomate. Del fruto comestible, claro está, ese que deja en las manos un aroma único al manipularlo y separarlo de la rama. Y es que estamos en plena época anual de su éxito gastronómico en ensaladas, como la caprese, donde se asocia con maestría a una mozzarella, hojas de albahaca y aceite de oliva. Durante años desprecié este alimento, al considerarlo demasiado corrientito. De niño, la salsa de tomate me parecía ser la forma con la que mi madre se ahorraba, de vez en cuando, el esfuerzo de preparar una comida elaborada. Desde entonces he cambiado de opinión. A veces, especialmente el domingo a última hora de la mañana, caminando por mi calle en Lausanne, me alegra detectar un aroma de salsa de tomate saliendo del interior de una vivienda con ventanas abiertas. A la vez que alguna palabra en italiano, ya poco frecuente hoy por hoy. Incluso me ha ocurrido frenar el paso para aprovechar el momento. Parecerá una bobada, pero me recuerda la cocina de mi madre y el ambiente familiar de años atrás, cuando comíamos los cuatro en la cocina o el balcón. Por eso será que últimamente resulte todo un placer volver a encontrarme ante un plato de pasta con salsa de tomate, cuando me lo sirven o incluso cuando, al estar solo en casa, lo preparo yo mismo y me invito a disfrutar de la sencillez.

A mi madre, por su recorrido y por esa carta

Hoy se jubila mi madre. Ha sido su último día de trabajo y, como es corriente en profesiones de la sanidad, tocó un domingo. Es símbolico que haya sido tal día de la semana: relata en una palabra el recorrido de esta zamorana que muy jóven salió a buscarse la vida en Madrid y Barcelona, antes de llegar a Suiza, evidentemente sin papeles. Mi madre, que nació y se creció en el campo, gozó de la vida rural pero también aprendió a conocer sus peculiaridades políticas, como el caciquismo que aún existe en muchos pueblos de esa España profunda a la vez que bella y encantadora. Aprendió asimismo a valorar las opciones progresistas como fuentes de desarrollo necesario para nuestro país. Es una socialista convencida, tan zapaterista como yo (o incluso más). Por eso mi madre, que se quedó en el paro cinco años antes de la jubilación y que no cesó hasta encontrar el puesto de trabajo que hoy deja, no pudo evitar, en su carta de despedida a su director, animarle a volver a dar oportunidad a trabajadores veteranos que, cercanos al final de su carrera, a menudo se encuentran rechazados por el mercado laboral. Esa es mi madre, siempre en la batalla, con energía y determinación. Un orgullo ser tu hijo, que te felicita por tu recorrido.

Conductores que irritan

Reconozco que me irritan aquellos conductores que, entrando en autopista en un momento de tráfico denso y lento, aprovechan el contexto de retención para adelantar el mayor número de coches por la derecha, apurando al máximo la banda de entrada a la vía rápida. No se cola un coche o dos, sino quince o veinte, y con todo el morro. Estos son los mismos que, en atascos, aprovechan que dejes algo de espacio prudente con el coche que te precede para meterse en el medio y ganar una posición. Luego están los que avanzan durante kilómetros a 110 km/h por la vía izquierda y tardan todo lo que pueden para pasarse muy poquito a poco a la vía de la derecha y dejar así que adelantes. Algunos también circulan tranquilos entre los dos carriles, sin estar al teléfono ni distraídos por nada. También están los que tienes delante y que no paran de frenar todo el rato, porque eso de anticipar les debe parecer chino. Sin hablar de los extremos: los que hacen S entre vehículos para adelantar, aunque ello suponga hacerlo por la derecha. Mantener la calma es la palabra de orden, aunque resulte más fácil decirlo que hacerlo.

Cumplo los 30

Hoy es un día especial. Cumplo 30 años. Durante mucho tiempo me pregunté lo que pasaría por mi cabeza esta mañana al levantarme. ¿Alegría, angustia, depre, indiferencia? Al final resulta que lo primero que se me ocurrió, aún sentado en la cama, ha sido: ¿pan y mermelada, o cereales? Lo cierto es que el hecho de cruzar esta etapa autoriza un primer balance del recorrido. Y la conclusión es que no me ha ido mal: hasta ahora, he conocido a buena gente y gente buena. Es verdad que quedan muchos interrogantes, como no podía ser otra forma, afortunadamente. En el fondo, esto es lo que nos anima. El camino sigue adelante, con sus curvas y sus emociones. ¡Y sabrosos desayunos!

Un libro, una historia

Esto ocurre hace dos o tres meses en una librería de barrio (¿se llamaría Helios?), en el carrer Nicaragua de Barcelona. Tras entrar y recorrer los pasillos del establecimiento apenas 5 minutos, me acerco rápidamente al mostrador con un ejemplar de la novela “Las cinco muertes del barón airado” (de Jorge Navarro, Seix Barral, 2011). “¿Qué tal este libro?”, pregunto a la librera sin mirarla, a la vez que busco mi cartera en la mochila. “Pues, si te digo la verdad, este no lo he leído…”, contesta. Me sorprende tanto el tono y la sinceridad de su respuesta que interrumpo la búsqueda de la billetera y la miro a la cara por primera vez: es cuando me doy cuenta de su belleza, a pesar de su leve resfriado. Esto dura unos segundos. No suelo entablar conversación con las chicas que me atraen cuando trabajan en contacto con el público, más que nada por no ser el enésimo cliente del día en incordiar en ese aspecto. Esa mañana tenía que pillar el AVE y ya no me quedaba mucho tiempo (buena escusa que evitar cualquier remordimiento). Pero hoy es el Día del libro y, de vivir en Barcelona, posiblemente me lo pensaría y aprovecharía para pasearme por una librería, donde se encuentran magníficas historias.

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