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Semáforo abierto para Marco Ferrara

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POLÍTICA ESPAÑOLA

Estar a la altura frente al doble fracaso

No se puede frivolizar con la democracia. Su defensa ha costado la sangre de abuelos y bisabuelos. Su ausencia ha conllevado la privación de libertades para todo un país durante casi medio siglo, propiciando el exilio político y la emigración económica de nuestros padres. Algunos hemos nacido fuera de nuestra tierra de origen como consecuencia de esa historia.

Convocar un referéndum de independencia es una decisión de tal calado que requiere previamente un amplio consenso político. No lo hay en Cataluña. Además, hacen falta garantías elementales como un censo electoral oficial, mesas de votación, apoderados, recuento transparente, así como control y arbitraje por una junta electoral. Lo que se ha organizado este 1 de octubre ha sido una chapuza opaca e irregular, usurpando la democracia e ilustrando el escaso nivel de responsabilidad cívica que hay en parte de la ciudadanía.

La sociedad catalana no se merecía una consulta barata ni fanática. Tampoco se merecía amanecer como un país roto, abierto en canal entre 1/3 de ciudadanos independentistas extremadamente motivados y 2/3 de ciudadanos que no comparten ese extremo pero que tampoco están dispuestos a enfrentarse activamente a parte de sus familiares, amigos, compañeros y vecinos, con los que simplemente desean convivir.

Los líderes políticos catalanes que han forzado esta situación sabían perfectamente lo que estaban fomentando. Es un comportamiento irresponsable e inaceptable en democracia.

Puigdemont habló de resistencia pacífica pero la realidad no ha sido tan angélica. Las cargas policiales han sido brutales en exceso. Pero también se han producido innecesarias provocaciones y violencia hacia los policías, que replicaron. Policía Nacional y Guardia Civil tenían una misión inconfortable, cuyo perímetro se desbordó al incumplir los Mossos por la mañana con el preventivo mandato judicial de confiscación de material, que hubiera evitado muchas cargas posteriores. Las imágenes de heridos dieron la vuelta al mundo, satisfaciendo una estrategia de propaganda finamente diseñada en los salones de la Generalitat. Han creado un monstruo y fomentado desorden en vez de promover ideas y cambio político.

Utilizar a los ciudadanos como escudo humano para defender unas ideas minoritarias es tener un pobre concepto de la democracia. Tomen nota las abuelas heridas que esta chapuza ha sido creada para tapar la gangrena de la oligarquía de Convergència, saciar ambiciones personales en ERC y satisfacer las pasiones de la CUP, ambas últimas dos posiciones que nada tienen que ver con el internacionalismo que caracteriza a la izquierda.

En 2015 se han celebrado unas elecciones autonómicas que los independentistas han convocado con carácter “plebiscitario”. No eran un referéndum, pero los líderes de Convergència y de ERC se juntaron dentro de la coalición “Junts pel Sí” defendiendo esa óptica. Sumando a los independentistas de la CUP, consiguieron el apoyo del 47,8% de los electores, frente al 52,2%. En esa misma óptica plebiscitaria, perdieron su apuesta en una convocatoria electoral legal y regular (con censo electoral, mesas y escrutinio garantizado por junta electoral). Así las cosas, no tenían la legitimidad popular ni el aval del pueblo para encarrilar la vía independentista. De hecho, tampoco llevaban la propuesta de referéndum en el programa electoral de “Junts pel Sí”. En el Parlament de Catalunya, forzaron una situación para la que no tenían mandato popular y se excedieron más allá de las competencias que sus instituciones tienen asignadas. En cualquier Estado de Derecho, esta forma de hacer las cosas es improcedente.

De un censo de 5.550.000 personas, apenas 2.020.000 se movilizaron este domingo por la independencia (si es que las cifras de participación no han sido además hinchadas a golpe de opacidad y ausencia de garantías). ¿Qué mayoría social es esa para legitimar algo tan trascendental como la independencia? ¿Qué lógica puede pretender al apelativo de “democracia” cuando impone el sentir de una minoría a una mayoría? ¿Quiénes son unos actores minoritarios de la sociedad para privar de su nacionalidad española y europea a una mayoría de la población?

Incluso en Suiza, que algunos han citado como ejemplo de democracia participativa, un cantón que decidiera irse no podría proceder como pretende hacerlo la Generalitat. Hace unos días, un juez suizo me decía del desafío catalán: “Aquí ninguna institución violaría la Constitución. Ante tal extremo, enviarían al Ejército.” Hay que ser conscientes de lo que se hace y no inventarse realidades inocentes.

En cuanto al gobierno central y su partido, el PP, merecen un cero por su incapacidad de abrir cauces de diálogo y haberse opuesto desde hace una década a las propuestas sensatas que se habían diseñado para responder a las aspiraciones de Cataluña. Han actuado desde las tripas y la lógica de trincheras. Se han adueñado la bandera de España sin la más mínima vergüenza y la han usado de forma partidista. A una semana de un desafío anunciado, mientras crecía a toda velocidad la planta salvaje en el jardín, la regaron con un vídeo cargado de mala hostia. En una rueda de prensa del portavoz del Gobierno en pleno año 2017, se han referido a la Generalitat con el término viejuno (por tanto irrespetuoso) de “Generalidad”. ¿Qué necesidad hay de adoptar una óptica tan cerrada y retrógrada? ¿Qué concepto de responsabilidad hay en tales gobernantes pirómanos?

No se puede dar una respuesta analógica en una época digital. No se puede quedar inerte ante el crecimiento de un colectivo y la propagación de un discurso. No se puede ignorar la lógica capacidad de convocatoria de unos líderes políticos. No se puede ahorrar esfuerzos políticos propios esperando de brazos cruzados que la cuestión se solucione sola al recaer inevitablemente en manos de la Justicia, y acabe fatalmente en actuación policial en contra de cientos de miles de personas. Es una aberración, una salvajada que era de esperar, fruto de la mayor incompetencia.

Todos tenemos la culpa de haber elegido perfiles incendiarios y de bajo nivel entre nuestros representantes, por la razón que sea y que cada cual sabrá analizar al contemplar ahora las consecuencias.

Los catalanes que se sienten defraudados han de saber que ni Rajoy es España, ni su insuficiencia política está a la altura de la convivencia y del diálogo que la ciudadanía española siempre ha sabido avalar y desarrollar desde la inteligencia.

Se puede estar en desacuerdo con el PP, pero la forma de acabar con esa opción nefasta es ganarle en elecciones generales: ya se ha conseguido varias veces y Cataluña supo ser parte de la solución, compartiendo objetivo con el resto de España, donde se logró por las buenas y de forma legal quitar al PP del poder incluso en sus feudos.

Hacen falta hombres y mujeres de Estado, que estén a la altura de nuestra época. Recapacitemos y abramos el diálogo para retomar el cauce allí donde las cosas empezaron a quebrarse. Lo pide a gritos la inteligencia. Apartemos los términos innecesarios y las pasiones. Vayamos de la ley a la ley, pasando por la ley. Reformemos la Constitución hacia un federalismo moderno, reformemos las leyes colocándolas a la vanguardia, retomemos el Estatut con tolerancia, respetando las reglas del juego que nos hemos dado entre todos y que, en cada país, son la base indispensable de una vida y convivencia civilizada.

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Partido político busca secretario/-a general

Un trabajador que busca empleo y plantea su candidatura a ocupar un puesto ofertado conoce la necesidad de corresponder al mayor número de características del perfil deseado. El empleador anhela que la persona que vaya a contratar esté en las mejores disposiciones posibles para ser operativa cuanto antes. En esto, ayuda que la persona ya haya desempeñado funciones similares y pueda exhibir buenos resultados cosechados. Así es como se desarrollan procesos de selección que desembocan en la satisfacción por parte del dador de empleo como de la persona reclutada.

La elección a la Secretaría General del PSOE es un proceso al que se le puede aplicar un procedimiento análogo. El empleador somos los militantes, que en este caso componemos el cuerpo electoral que va a actuar como jurado.

El liderazgo de un partido político requiere de un perfil que responda a numerosas exigencias y ello nos lleva, de entrada, a reconocer la valentía de las personas que se presentan a unas primarias, que no optan a vacaciones pagadas ni a un viaje en crucero. En la oferta virtual de empleo para la Secretaría General del PSOE, veríamos los siguientes puntos (la lista no pretende ser exhaustiva):

  • Demostrada capacidad de ganar elecciones en la actualidad
  • Capacidad de liderazgo, motivación y cohesión de equipos pluridisciplinares y multiculturales
  • Capacidad de empatía (entiéndase: capacidad de respetar a los suyos y considerarlos con sensibilidad, para poder así respetar y considerar a la ciudadanía)
  • Demostrada capacidad de afrontar con éxito situaciones de crisis
  • Elevadas aptitudes de comunicación y divulgación
  • Carácter negociador

Para proceder a la selección en el caso de la Secretaría General del PSOE, la conocida trayectoria pública de los tres candidatos con más posibilidades nos permite puntuarles en cada exigencia en base a la experiencia que tenemos de ellos. Cada militante puede hacerlo a título personal.

Lo he hecho, basándome también en experiencias vividas puertas adentro y que inevitablemente contribuyen a formar criterio. Mi conclusión es favorable a Susana Díaz, que en esta ocasión más corresponde al perfil. Podría dar los detalles de la puntuación y justificarlos mediante comentarios. Pero desde la óptica del compañerismo y el respeto a los demás candidatos, no me parece bien escribir nada que vaya en contra de ellos. Este proceso debe desembocar en algo positivo: el actual momento está destinado a la futura buena marcha del organismo dador de empleo y en ese objetivo ha de enfocarse. Para eso se realiza la selección.

En definitiva, lo recomendable y sensato es medir las reflexiones, manifestar opiniones y apoyos constructivos, evitando tratar a compañeros como enemigos. Si la capacidad de cohesión, la empatía y la aptitud a afrontar situaciones de crisis son puntos necesarios para el perfil que buscamos, es preferible que los candidatos den fe de dichos rasgos desde ahora, cuando estamos en la tesitura más delicada. Y por supuesto, al igual que se lo pedimos a ellos, también hemos de actuar con respeto quienes tenemos que juzgarles.

Se me hace imposible decirte adiós, Carme

“Hay que ser buena gente, pero sobretodo gente buena”. Eso nos decías con convicción, Carme, en las reuniones en las que preparábamos tu candidatura del 2012 a la Secretaría General del PSOE. Entonces se perdió una gran oportunidad con una de las mejores políticas que tuvo este país. Compartíamos ideas, compromiso y también dudas. Eras cercana y muy inteligente. En el partido has sabido prestar consideración a quienes desde la tercera fila no estábamos acostumbrados en recibirla, por muy nobles que fueran nuestras batallas. Andando por la calle en Ginebra, me decías que vivías cada día como un regalo, a sabiendas de que tu corazón al revés te podía frenar de repente. Y así te nos has ido, sin avisar.

Ayer, volviendo de tu semanita americana dando clases en Miami, sacabas una foto del cielo volando sobre el océano rumbo Madrid: tenías ganas de casa, ganas de mar y muchas ganas de ver a tu hijo Miquel, en el que pienso hoy. Nunca te olvidaremos, Carme. Se me hace imposible decirte adiós, querida amiga. Anochece y va a ser duro para nosotros, pero nos queda la inmensidad de tu ejemplo, de tu valía y de tu amistad a prueba de corazón.

Relato de la guerra sucia del PP en contra del PSM

Esa noche, el calendario marca 25 de mayo de 2003. El PP acaba de perder la mayoría absoluta en las elecciones regionales madrileñas. Un PSOE impulsado por primera vez por Zapatero se prepara a que su candidato Rafael Simancas se convierta en presidente autonómico con el apoyo de IU. Habrá un cambio concreto en todos los ámbitos de la vida pública y se acabarán negocios para muchos amigos del PP. La derecha no lo admite: tras una probable corrupción, dos diputados de la lista de Simancas se ausentan e impiden la investidura del presidente progresista. Ante al bloqueo, se repiten las elecciones y el PP recupera su mayoría absoluta.

El partido de Aguirre toma nota del susto del 2003 y se arma en consecuencia. Frente a un PSM que llega a la cita electoral del 2007 con propuestas como la gratuidad del abono transportes para jóvenes y mayores, la derecha saca la artillería pesada y tira de billetera: hoy desvela la SER, una década más tarde, que el PP usó 6 millones de euros en vez de los 2,7 que declaró. Financió su campaña con más del doble del límite de dinero permitido por el Tribunal de Cuentas y ese dopaje tuvo un resultado en las urnas: el PP consigue un porcentaje histórico de votos en la Comunidad de Madrid, que se traduce en escaños en la Asamblea regional y de allí en poder para Aguirre. Simancas tira la toalla.

A nivel nacional, el Gobierno de Zapatero endurece la ley de financiación de partidos y se complican las donaciones. En el PP de Madrid la fiesta no se detiene: van a ser más discretos, pero van a seguir haciendo trampa.

En 2011, para evitar la progresión de un PSM rearmado con el nuevo líder Tomás Gómez, el PP de Aguirre retoma su método de guerra sucia y vuelve a aprovecharse de más de 1 millón de euros de dinero negro. Nuevamente compite en situación de superioridad. Así consolida su mayoría absoluta, con la que asegura ingresos privados exprimiendo áreas tan vitales como la sanidad, en la que Gómez iba a hacer limpieza.

No basta con derrumbar el edificio si el vicio sobrevive

Pasqual Maragall tenía razón cuando soltó a Artur Mas que “Uds. tienen un problema que es el 3%”. El PSC ponía el dedo en las sospechas de financiación ilegal de Convergència. Por lo visto esa denuncia pública no fue suficiente para sonrojar a nadie. Incluso pidieron más fondos (ya se sabe que no fue precisamente por el incremento del coste de la vida). Las mordidas pasaron al 4% y se las cobraron a entidades públicas, robando un dinero procedente de los impuestos abonados por la ciudadanía. Igual esas cuantías que se fueron a Convergència podían haber pagado unas sillas más en tal aeropuerto, unas camas más en tal hospital, un asfalto más silencioso en tal autopista, un mayor grado de reciclado de residuos urbanos, o entradas más asequibles para escuchar en vivo tal sinfonía de Beethoven en Barcelona. En vez de eso, se habrá ido en sobres o en campañas para renovar cargos que otorgan buenos sueldos a gente que no parece dar la talla.

Si alguien piensa que la independencia de Cataluña le eximiría de responsabilidades jurídicas o le permitiría desenvolverse a sus anchas, se equivoca. Lo que es delito aquí lo seguiría siendo en cualquier configuración.

El edificio Convergència identificaba tanto vicio que tuvieron que derrumbarlo. Lo han sustituido por el inmueble nuevo PDeCAT (pésima marca, pero es un problema de otra índole). Y allí dentro están ahora los arquitectos de Convergència, que siguen activos. Ellos –no solamente el logotipo– son la viva identificación de las sospechas en las que hoy está trabajando la Justicia. Aunque se resistan, tendrán que cambiar los protagonistas: tendrán que irse sí o sí los que diseñaron el edificio derrumbado, si no quieren que a medio plazo solamente quede de su legado un abrasado solar.

Felipe amenazó con irse por ideas, Turrión lo hace por su poltrona

Quería un PSOE socialista antes que marxista. En 1979, Felipe González abandonó la Secretaría General tras comprobar que el 28 Congreso de su partido no seguía la línea política que él planteaba. Luego el PSOE rectificó y Felipe regresó, listo para ganar las elecciones de 1982.

Es curioso que hoy, un partido que se dice “nuevo” en el fondo como en las formas intente reproducir episodios ya experimentados en el PSOE. En su afán por seguir la senda del socialismo vencedor y tomar su espacio, Podemos lleva su corta trayectoria machacada por dos corrientes personificadas en sus número uno y dos, como antaño los felipistas y los guerristas. Ante la próxima asamblea de ese partido, dividido como nunca entre pablistas y errejonistas, su líder máximo Pablo Iglesias Turrión ha comprobado el fracaso de su pobre intento de mercadeo público al rechazar Errejón quitarse de en medio a cambio de la candidatura a la Alcaldía de Madrid. Angustiado por la eventualidad de una derrota, Turrión quiso recurrir una vez más a una receta copiada, amenazando a los suyos con irse del Congreso de los Diputados si perdía la asamblea. Si al Felipe del 1979 le importaban las ideas, al Turrión del 2017 definitivamente le importa su poltrona. Y así no se gana un país.

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