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Semáforo abierto para Marco Ferrara

Se me hace imposible decirte adiós, Carme

“Hay que ser buena gente, pero sobretodo gente buena”. Eso nos decías con convicción, Carme, en las reuniones en las que preparábamos tu candidatura del 2012 a la Secretaría General del PSOE. Entonces se perdió una gran oportunidad con una de las mejores políticas que tuvo este país. Compartíamos ideas, compromiso y también dudas. Eras cercana y muy inteligente. En el partido has sabido prestar consideración a quienes desde la tercera fila no estábamos acostumbrados en recibirla, por muy nobles que fueran nuestras batallas. Andando por la calle en Ginebra, me decías que vivías cada día como un regalo, a sabiendas de que tu corazón al revés te podía frenar de repente. Y así te nos has ido, sin avisar.

Ayer, volviendo de tu semanita americana dando clases en Miami, sacabas una foto del cielo volando sobre el océano rumbo Madrid: tenías ganas de casa, ganas de mar y muchas ganas de ver a tu hijo Miquel, en el que pienso hoy. Nunca te olvidaremos, Carme. Se me hace imposible decirte adiós, querida amiga. Anochece y va a ser duro para nosotros, pero nos queda la inmensidad de tu ejemplo, de tu valía y de tu amistad a prueba de corazón.

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Relato de la guerra sucia del PP en contra del PSM

Esa noche, el calendario marca 25 de mayo de 2003. El PP acaba de perder la mayoría absoluta en las elecciones regionales madrileñas. Un PSOE impulsado por primera vez por Zapatero se prepara a que su candidato Rafael Simancas se convierta en presidente autonómico con el apoyo de IU. Habrá un cambio concreto en todos los ámbitos de la vida pública y se acabarán negocios para muchos amigos del PP. La derecha no lo admite: tras una probable corrupción, dos diputados de la lista de Simancas se ausentan e impiden la investidura del presidente progresista. Ante al bloqueo, se repiten las elecciones y el PP recupera su mayoría absoluta.

El partido de Aguirre toma nota del susto del 2003 y se arma en consecuencia. Frente a un PSM que llega a la cita electoral del 2007 con propuestas como la gratuidad del abono transportes para jóvenes y mayores, la derecha saca la artillería pesada y tira de billetera: hoy desvela la SER, una década más tarde, que el PP usó 6 millones de euros en vez de los 2,7 que declaró. Financió su campaña con más del doble del límite de dinero permitido por el Tribunal de Cuentas y ese dopaje tuvo un resultado en las urnas: el PP consigue un porcentaje histórico de votos en la Comunidad de Madrid, que se traduce en escaños en la Asamblea regional y de allí en poder para Aguirre. Simancas tira la toalla.

A nivel nacional, el Gobierno de Zapatero endurece la ley de financiación de partidos y se complican las donaciones. En el PP de Madrid la fiesta no se detiene: van a ser más discretos, pero van a seguir haciendo trampa.

En 2011, para evitar la progresión de un PSM rearmado con el nuevo líder Tomás Gómez, el PP de Aguirre retoma su método de guerra sucia y vuelve a aprovecharse de más de 1 millón de euros de dinero negro. Nuevamente compite en situación de superioridad. Así consolida su mayoría absoluta, con la que asegura ingresos privados exprimiendo áreas tan vitales como la sanidad, en la que Gómez iba a hacer limpieza.

He hecho pan

Anoche me dio por hacer pan. Es la primera vez en la vida. Busco en internet una receta original y encuentro una con aceite de nuez. Me llama la atención este último ingrediente, ya que tengo un frasco que me regalaron y que no estoy utilizando. Así pues, al tener todas las cosas necesarias, sin más demora me arremango.

Toca amasar ese montón, que tiene la misma poca gracia que un enorme elástico pegajoso: bien vale para una asquerosa peli de monstruos. Empiezo a amasar. Amaso más. No es fácil. De hecho nunca acaba. ¡Uff, que calor! Es como ir al gimnasio. Me acuerdo de mi madre, que a base de tal ejercicio casero siempre mantiene la forma que antaño nos desaconsejaba plantarle cara. Me acuerdo del pan que hacía cuando éramos niños, lo rico que era y los desayunos que disfrutábamos con esa delicia. Imagino que el mío será igualmente sabroso, aunque esta receta diga de hornearlo en un molde.

La masa sube tanto que alcanza para dos moldes grandes y dos pequeños. Es verdad que es una receta familiar, pero una vez enfriado, guardaré gran parte en el congelador y mi elevado consumo de pan apreciará el producto en cosa de pocos días. Es difícil resisitir a la tentación de probarlo nada más salido del horno.

Esta mañana, despierto en mi piso que todavía huele a pan y la sensación me es agradable. Preparo la mesa con ilusión. Saco un tarro de mi mermelada casera de albaricoque. Saco otro tarro de miel que compro cada año en mi tierra de Zamora y que se combina maravillosamente con la mantequilla suiza. Un vaso de zumo de melocotón y adelante. Puede empezar la ceremonia. Corto el pan. Tiene un aspecto estupendo. Pienso con orgullo infantil que tocará enseñárselo a mis padres. La textura es esponjosa, parece increíble que lo haya hecho yo. Unto la mantequilla, le paso una capa de mermelada y… “¡Para, para!”, pienso. Antes, hay que probarlo sin nada. Empieza pues la cata. Y de repente, me cambia la cara radicalmente. Se me olvidó la sal.

No basta con derrumbar el edificio si el vicio sobrevive

Pasqual Maragall tenía razón cuando soltó a Artur Mas que “Uds. tienen un problema que es el 3%”. El PSC ponía el dedo en las sospechas de financiación ilegal de Convergència. Por lo visto esa denuncia pública no fue suficiente para sonrojar a nadie. Incluso pidieron más fondos (ya se sabe que no fue precisamente por el incremento del coste de la vida). Las mordidas pasaron al 4% y se las cobraron a entidades públicas, robando un dinero procedente de los impuestos abonados por la ciudadanía. Igual esas cuantías que se fueron a Convergència podían haber pagado unas sillas más en tal aeropuerto, unas camas más en tal hospital, un asfalto más silencioso en tal autopista, un mayor grado de reciclado de residuos urbanos, o entradas más asequibles para escuchar en vivo tal sinfonía de Beethoven en Barcelona. En vez de eso, se habrá ido en sobres o en campañas para renovar cargos que otorgan buenos sueldos a gente que no parece dar la talla.

Si alguien piensa que la independencia de Cataluña le eximiría de responsabilidades jurídicas o le permitiría desenvolverse a sus anchas, se equivoca. Lo que es delito aquí lo seguiría siendo en cualquier configuración.

El edificio Convergència identificaba tanto vicio que tuvieron que derrumbarlo. Lo han sustituido por el inmueble nuevo PDeCAT (pésima marca, pero es un problema de otra índole). Y allí dentro están ahora los arquitectos de Convergència, que siguen activos. Ellos –no solamente el logotipo– son la viva identificación de las sospechas en las que hoy está trabajando la Justicia. Aunque se resistan, tendrán que cambiar los protagonistas: tendrán que irse sí o sí los que diseñaron el edificio derrumbado, si no quieren que a medio plazo solamente quede de su legado un abrasado solar.

Felipe amenazó con irse por ideas, Turrión lo hace por su poltrona

Quería un PSOE socialista antes que marxista. En 1979, Felipe González abandonó la Secretaría General tras comprobar que el 28 Congreso de su partido no seguía la línea política que él planteaba. Luego el PSOE rectificó y Felipe regresó, listo para ganar las elecciones de 1982.

Es curioso que hoy, un partido que se dice “nuevo” en el fondo como en las formas intente reproducir episodios ya experimentados en el PSOE. En su afán por seguir la senda del socialismo vencedor y tomar su espacio, Podemos lleva su corta trayectoria machacada por dos corrientes personificadas en sus número uno y dos, como antaño los felipistas y los guerristas. Ante la próxima asamblea de ese partido, dividido como nunca entre pablistas y errejonistas, su líder máximo Pablo Iglesias Turrión ha comprobado el fracaso de su pobre intento de mercadeo público al rechazar Errejón quitarse de en medio a cambio de la candidatura a la Alcaldía de Madrid. Angustiado por la eventualidad de una derrota, Turrión quiso recurrir una vez más a una receta copiada, amenazando a los suyos con irse del Congreso de los Diputados si perdía la asamblea. Si al Felipe del 1979 le importaban las ideas, al Turrión del 2017 definitivamente le importa su poltrona. Y así no se gana un país.

António Guterres, ese hombre guía de la ventanilla

Sobrevolábamos Lisboa, minutos antes de aterrizar. Apuntando con el dedo a través de la ventanilla del avión, António relataba a sus vecinos de butaca detalles y anécdotas sobre tal puente, tal monumento, tal parte de la capital. Llegado el momento de recoger nuestras cosas y hacer cola para salir del avión, saludé a António, que viajó sentado en la fila que precedía la mía y al que había reconocido al entrar. Le felicité por ir en 2a clase a pesar del cargo que tenía en Ginebra. En un francés perfecto, me contestó exáctamente lo que tenía que contestar: “es lo normal, siendo más barato el billete”. Intercambiamos unas palabras sobre el PSOE. Un amigo nos sacó una foto rápidamente y nos despedimos.

En la terminal, la pareja sueca que en el avión iba sentada al lado de António me preguntó quien era ese señor que le había servido de guía desde la ventanilla. Les contesté: “ese señor sirvió de guía a millones de personas en Portugal. Ha sido primer ministro y se llama António Guterres. Es un socialista”.

Han pasado tres años desde esta bonita anécdota. Hoy ese hombre modesto y afable, António, ha sido elegido nuevo secretario general de la ONU. Que nos sea a todos la mejor guía en estos tiempos revueltos, que necesitan tal figura.

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