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Circunscripciones exteriores

Sin parlamentarios que te representen, tu voz no existe

Este domingo he estado en la radio argentina hablando del voto rogado, que cumple 10 años mermando la participación electoral de los españoles en el exterior. Recuerdo cuando, casi un año antes de su entrada en vigor, desde el PSOE Europa empezamos a luchar en contra de este error que iba tomando forma en los despachos más poderosos de aquella época. Nadie pensaba que una década después seguiríamos dando la batalla para revertirlo.

En la entrevista digo lo inaceptable que me parece que en 10 años de trabajo en el Congreso de los Diputados y en el Senado no haya habido modo de solucionado. Retomo la idea de crear circunscripciones exteriores, para que los 2,5 millones de residentes en el extranjero participemos en la política española en condiciones de igualdad con los demás: sin diputados y senadores en representación propia, nuestros temas quedan relegados y estancados. No pedimos la luna, pedimos lo mismo que ya tienen los demás españoles, que comprobamos ser indispensable para no tardar décadas en solucionar errores.

Gracias a LU9 Mar del Plata por esta oportunidad de defender los derechos democráticos.

Detrás de la forma estaba el fondo

Cuando tenía 22 años, recién llegado a la dirección del PSOE Europa, impulsé un nuevo léxico para hablar de “ciudadanía en el exterior” en vez de “emigración”. Muchos nos veían pesados con el tema, que consideraban un detalle sin importancia. Pero en ello se reflejaba nuestra batalla por ser ciudadanos de pleno derecho y acceder, al igual que todos los demás, a la posibilidad de ser representantes y no únicamente representados: se trataba de tener parlamentarios por la diáspora, al igual que cualquier ciudadano/-a de España. Detrás de la forma estaba el fondo. En todos los aspectos en los que hubo desencuentros con las esferas más altas, en medio de un patio que no se molestaba en prestarnos consideración ni el debido espacio, el curso de la Historia nos ha ido dando la razón, confirmando una tras otra las batallas de ese PSOE Europa del 2004-2014. Esa etapa de excepcional trabajo y calidad será dificil de repetir: han desperdiciado oportunidades y quemado la gente joven, hasta dejar el solar abrasado. La tribuna de Eduardo Madina hoy en El País confirma la visión del lenguaje, una de las tantas en las que llegamos con al menos 15 años de antelación.

Nadie nos quitará la primicia y valentía en contra del voto rogado

El voto rogado lleva dos legislaturas mermando los derechos democráticos más básicos de 2 millones de españoles en el exterior. Si bien el PSOE es uno de los partidos que estuvieron en el origen de este error junto al PP, CiU y el PNV, hay que reconocer al Partido Socialista la capacidad de fuerte autocrítica que desarrolló desde entonces y los intentos parlamentarios para arreglar el fallo. También es de relieve que, al contrario del PP, este tema haya provocado en su día una tremenda y verdadera fractura en las filas socialistas, de la que puedo dar fe en primera persona.

Nadie nos quitará al PSOE Europa (la federación exterior, de la que he sido portavoz del 2004 al 2012) la primicia y valentía de nuestra batalla en contra del voto rogado. Cuando estábamos en lo más alto de nuestro recorrido político promocionando nuestra propuesta estrella 2008 de crear circunscripciones propias para los españoles en el exterior, en abril de 2010 nos encontramos cara a cara con un vendaval que se lo llevaría todo por delante: la voluntad de generalizar el voto rogado, que los mayores fontaneros de los partidos pensaron ser la solución a los fallos del voto exterior. Sabíamos que se trataba de un tremendo error. Sabíamos que no podríamos hacer cambiar de idea a esos dirigentes (el nuestro cortó relaciones con nosotros). Así que tras intentarlo en pasillos durante dos meses, en una reunión de crisis en Bruselas en junio de 2010 decidimos que el PSOE Europa se lanzaría en público en contra de Ferraz, del PP, de CiU y del PNV. La militancia nos apoyó en un esquema de David contra Goliat, que gradualmente pasó a ser una confrontación en la que nuestro léxico se endureció al extremo: sin sorpresas no hubo forma de torcerle el brazo a la dirección federal, que posteriormente nos la tuvo jurada hasta el final. Vencieron pero no convencieron.

En esa lucha en contra del voto rogado, mi exposición pública ha sido máxima, como portavoz. Recuerdo como compañeros de las agrupaciones locales me defendían ante las eminencias grises federales que apuntaban el dedo hacia mí. Sufrí un desgaste personal brutal, un bajón emocional que no tenía que visibilizarse. Me abrasé políticamente pero me llena de orgullo la conciencia que tuvimos en el PSOE Europa de que había que defender los derechos democráticos de la ciudadanía y colocarlos por delante de los intereses del partido. En los medios de comunicación, hemos sido la voz más fuerte. Se unieron a nosotros la FSA-PSOE, el PSdeG y las agrupaciones de América. La historia nos ha dado la razón y Zapatero, que no se había mojado en este tema, reconoció el fallo al despedirse de la Secretaría General y agradeció la valentía de los compañeros del exterior.

Gente como el ministro Margallo nos reprocha hoy a los socialistas estar en la génesis del voto rogado. Tiene parte de razón y lo reconocemos con la debida honestidad intelectual: hemos cometido un error, junto a ellos. Pero hemos intentado arreglarlo y el PP, con mayoría absoluta, nos bloqueó a lo largo de toda la anterior legislatura. Después de las generales 2015, en esta breve XI Legislatura, nuestro grupo parlamentario ha vuelto a tratarlo, sin éxito. ¿Qué decir del PP, que pudiendo solucionar el problema se quedó tran tranquilo fumando un puro?

Algunos incluso se atreven a criticar al PSOE Europa y sus agrupaciones por el tema del voto rogado cuando hemos sido los primeros y principales detractores de la pésima idea. Lo hemos hecho desde dentro, con la dificultad añadida de ser el partido que sustentaba al gobierno. No teníamos diputados ni senadores propios para romper disciplina y votar en contra. Pero al final, logramos lo que nadie hizo: un giro a 360° del primer grupo parlamentario de la oposición.

¿Qué ha hecho Margallo en todo este tiempo? Se ha ido a casa cada noche apagando la luz de su despacho para dormir tranquilo, mientras el principal colectivo de su cartera estaba siendo afectado en su derecho más básico: el derecho a voto. Una vergüenza. Esa es la gente que tenemos que sacar del gobierno, rogando el voto una última vez.

Dos millones de excluidos y una oportunidad

Ayer han sido elegidos 350 diputados y una vez más, ninguno de ellos representa a los dos millones de españoles en el exterior, electorado equivalente al de toda Castilla y León.

El actual sistema imposibilita la representación parlamentaria de la diáspora, cuyos ciudadanos solamente tienen derecho al sufragio activo (votar a otros y ser representados por esos terceros) pero no acceden al sufragio pasivo (recibir votos y ser representantes). Solucionar este déficit democrático pasa por crear circunscripciones exteriores. Otros estados las han puesto en marcha con éxito: Francia, Italia y Portugal, por citar los más cercanos.

Al mismo tiempo se subsanarían los principales problemas técnicos del voto exterior:

  • Se acabarían las polémicas sobre las sacas de voto presuntamente manipuladas, ya que las papeletas no viajarían a las respectivas circunscripciones provinciales de origen de cada residente en el exterior.
  • El voto se cerraría al mismo tiempo que en España.
  • El recuento sería simultáneo, la noche electoral y no tres días después.
  • Se conocería el resultado de cada demarcación consular, ya que se instalaría una mesa en casa consulado con las dos urnas relativas a la circunscripción exterior correspondiente.

Esta rectificación de la Ley electoral necesita retocar levemente el artículo 68 de la Constitución, que actualmente establece que la circunscripción electoral es la provincia.

Hay motivos para creer que muchas cosas ayer imposibles son realizables a partir de hoy. Las elecciones generales 2015 dejan un panorama político inéditamente abierto, que exigirá una gran capacidad de acuerdo y que propiciará el camino a la necesaria reforma constitucional. Los electores han acertado: más allá del resultado concreto de cada partido, hay que ver la situación global como una oportunidad. Si todo sale bien, se verán en España situaciones de madurez y acuerdo similares a las que exige el modelo suizo, donde el gobierno federal está compuesto por 2 socialistas, 1 democristiana, 2 conservadores y 2 ultra-derecha, reflejo de la pluralidad parlamentaria. A todos nos corresponde arrancar un tiempo nuevo, con calma, con generosidad y mucha altura de miras. En ello nos va el futuro de nuestro magnífico país.

Ellos no quedan sin voz

Suiza cuenta apenas con 150.000 votantes en el extranjero y los partidos políticos ya se vuelcan en proponerles una oferta concreta de cara a las elecciones federales del próximo 18 de octubre. Ayer los socialistas anunciaron que incluirán a residentes en el exterior en sus listas. Los democristianos también competirán de la misma manera en ese terreno. Los partidos cubren así carencias de la legislación, a la espera de que prosperen los trabajos en curso para crear una circunscripción exterior en la que se institucionalice la elección de representantes de la diáspora. Suiza quiere sumarse a países como Francia, Italia y Portugal, que ya cuentan con parlamentarios de sus expatriados.

España suma 1.800.000 electores españoles en el exterior, pero no parece suficiente para que el tema preocupe y se les otorgue también derecho a ser elegidos. Es cierto que el PSOE hizo suyas las reflexiones de sus militantes en el exterior, asumiendo la propuesta del PSOE Europa: la federación socialista exterior defiende que los españoles en el extranjero cuenten con una representación parlamentaria directa de diputados y senadores, cuyo número se determine en condiciones de igualdad democrática con los demás españoles, y cuya elección se realice a través de varias circunscripciones exteriores con el fin de adaptarse a la dispersión geográfica y la disparidad de situaciones de los residentes fuera de España.

Si bien la idea ha sido reflejada en programas electorales, congresos y conferencias del PSOE, raramente la prensa nacional se interesa por el asunto, al contrario de lo que ocurre esta mañana en Suiza, con páginas en todos los periódicos (alguno incluso le dedica la portada). Y ello evidentemente contribuye a que la situación española no evolucione.

En solamente cuatro ocasiones los partidos españoles han incluído a residentes en el extranjero en puestos de salida de sus candidaturas. Así las cosas, el PSOE tuvo a dos eurodiputados y a un senador procedente de sus agrupaciones en el exterior. Mientras el PP no quiso más que un parlamentario autonómico en Galicia. Las demás veces, los candidatos de la diáspora siempre han acabado en puestos de imposible elección. Son ejemplo de ello incluso figuras destacadas como Miriam Herrero en el PSOE Europa (que cerró la lista al Congreso de los Diputados por Madrid en 2008 y repitió en 2011) y su compañera Ángela Sabater (que en las europeas 2014 ocupó el puesto 33 de la lista). En Argentina ocurrió lo mismo con María de los Ángeles Ruisánchez (durante años secretaria general del PSOE Buenos Aires pero última suplente en la candidatura del 2007 al parlamento asturiano). La situación en los otros partidos incluso ha sido más discreta.

¿Qué ocurrirá en las elecciones generales de final de año? En aquellos partidos que celebran primarias, la situación se pondrá aún más difícil para los militantes en el exterior, que a defecto de circunscripciones propias no cuentan con territorio electoral propio: competir para figurar en una lista provincial no solamente sería difícil por la desventaja de ser auténticos desconocidos en esa zona ajena, sino que el mero hecho de no ser militante dentro de la estructura de esa demarcación probablemente les cierre las puertas. Salvo sorpresa, los casi dos millones de electores españoles en el exterior se quedarán una vez más sin voz en el nuevo parlamento. A contrario de sus homólogos suizos.

Pedro Zerolo, la inteligencia de la sensibilidad

Hoy en Madrid se rinde homenaje a los 10 años del matrimonio igualitario, que Pedro Zerolo impulsó acerca del presidente Zapatero y que desde entonces equiparó derechos, haciendo felices a 38.000 parejas. Es buen momento para resaltar que, además de por esa gran ley, a Pedro lo recordaremos por sus formas siempre atentas y por el fondo con el que contaba. Cuando proclamaba en alto que era y se sentía socialista, sabía de lo que hablaba.

Era una persona preparada. Era meticuloso. Pedro Zerolo debatía hasta en la distancia corta. Te ponía a prueba y cuestionaba tus argumentos para determinar si aguantaban la tensión. Había que demostrarle la coherencia de una idea y su encaje dentro de una perspectiva socialista.

En una batalla que nunca logró la misma visibilidad que otras muchas, este Señor de la política nos acompañó en el viaje de los españoles en el exterior hacia la representación parlamentaria de estos dos millones de ciudadanos. Le explicamos la perspectiva del PSOE Europa, le expusimos el modelo institucional completo que habíamos desarrollado. Hizo preguntas, buscó fallos. Con su fina apreciación jurídica, pudimos apuntalar la reflexión hasta el extremo. Le daba tantas vueltas a las cosas que en alguna ocasión pasamos horas al teléfono revisando textos hasta la coma, calculando incluso las repercusiones de poner allí esa coma. Me gustaba esa forma de trabajar, exigente, enfocada hacia la calidad y lo justo.

La política nacional, su ritmo y sus mecanismos fomentan una arrogancia capaz de auténticos desastres cuando se mezcla con la ignorancia. Zerolo tenía esa virtud tan escasa de saber escuchar antes de hacerse una opinión. Prestaba atención más allá de la primera fila. Pedro destacaba con la inteligencia de la sensibilidad.

Con los años, el compañero se fue convirtiendo en amigo. Su enfermedad ha sido un golpe duro para todos. La valentía con la que la afrontó ilustra bien lo que era: un tenaz defensor de los derechos, incluso el suyo propio a vivir. Ha sido un privilegio conocerle de cerca.

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