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Voto exterior

Sin parlamentarios que te representen, tu voz no existe

Este domingo he estado en la radio argentina hablando del voto rogado, que cumple 10 años mermando la participación electoral de los españoles en el exterior. Recuerdo cuando, casi un año antes de su entrada en vigor, desde el PSOE Europa empezamos a luchar en contra de este error que iba tomando forma en los despachos más poderosos de aquella época. Nadie pensaba que una década después seguiríamos dando la batalla para revertirlo.

En la entrevista digo lo inaceptable que me parece que en 10 años de trabajo en el Congreso de los Diputados y en el Senado no haya habido modo de solucionado. Retomo la idea de crear circunscripciones exteriores, para que los 2,5 millones de residentes en el extranjero participemos en la política española en condiciones de igualdad con los demás: sin diputados y senadores en representación propia, nuestros temas quedan relegados y estancados. No pedimos la luna, pedimos lo mismo que ya tienen los demás españoles, que comprobamos ser indispensable para no tardar décadas en solucionar errores.

Gracias a LU9 Mar del Plata por esta oportunidad de defender los derechos democráticos.

Nadie nos quitará la primicia y valentía en contra del voto rogado

El voto rogado lleva dos legislaturas mermando los derechos democráticos más básicos de 2 millones de españoles en el exterior. Si bien el PSOE es uno de los partidos que estuvieron en el origen de este error junto al PP, CiU y el PNV, hay que reconocer al Partido Socialista la capacidad de fuerte autocrítica que desarrolló desde entonces y los intentos parlamentarios para arreglar el fallo. También es de relieve que, al contrario del PP, este tema haya provocado en su día una tremenda y verdadera fractura en las filas socialistas, de la que puedo dar fe en primera persona.

Nadie nos quitará al PSOE Europa (la federación exterior, de la que he sido portavoz del 2004 al 2012) la primicia y valentía de nuestra batalla en contra del voto rogado. Cuando estábamos en lo más alto de nuestro recorrido político promocionando nuestra propuesta estrella 2008 de crear circunscripciones propias para los españoles en el exterior, en abril de 2010 nos encontramos cara a cara con un vendaval que se lo llevaría todo por delante: la voluntad de generalizar el voto rogado, que los mayores fontaneros de los partidos pensaron ser la solución a los fallos del voto exterior. Sabíamos que se trataba de un tremendo error. Sabíamos que no podríamos hacer cambiar de idea a esos dirigentes (el nuestro cortó relaciones con nosotros). Así que tras intentarlo en pasillos durante dos meses, en una reunión de crisis en Bruselas en junio de 2010 decidimos que el PSOE Europa se lanzaría en público en contra de Ferraz, del PP, de CiU y del PNV. La militancia nos apoyó en un esquema de David contra Goliat, que gradualmente pasó a ser una confrontación en la que nuestro léxico se endureció al extremo: sin sorpresas no hubo forma de torcerle el brazo a la dirección federal, que posteriormente nos la tuvo jurada hasta el final. Vencieron pero no convencieron.

En esa lucha en contra del voto rogado, mi exposición pública ha sido máxima, como portavoz. Recuerdo como compañeros de las agrupaciones locales me defendían ante las eminencias grises federales que apuntaban el dedo hacia mí. Sufrí un desgaste personal brutal, un bajón emocional que no tenía que visibilizarse. Me abrasé políticamente pero me llena de orgullo la conciencia que tuvimos en el PSOE Europa de que había que defender los derechos democráticos de la ciudadanía y colocarlos por delante de los intereses del partido. En los medios de comunicación, hemos sido la voz más fuerte. Se unieron a nosotros la FSA-PSOE, el PSdeG y las agrupaciones de América. La historia nos ha dado la razón y Zapatero, que no se había mojado en este tema, reconoció el fallo al despedirse de la Secretaría General y agradeció la valentía de los compañeros del exterior.

Gente como el ministro Margallo nos reprocha hoy a los socialistas estar en la génesis del voto rogado. Tiene parte de razón y lo reconocemos con la debida honestidad intelectual: hemos cometido un error, junto a ellos. Pero hemos intentado arreglarlo y el PP, con mayoría absoluta, nos bloqueó a lo largo de toda la anterior legislatura. Después de las generales 2015, en esta breve XI Legislatura, nuestro grupo parlamentario ha vuelto a tratarlo, sin éxito. ¿Qué decir del PP, que pudiendo solucionar el problema se quedó tran tranquilo fumando un puro?

Algunos incluso se atreven a criticar al PSOE Europa y sus agrupaciones por el tema del voto rogado cuando hemos sido los primeros y principales detractores de la pésima idea. Lo hemos hecho desde dentro, con la dificultad añadida de ser el partido que sustentaba al gobierno. No teníamos diputados ni senadores propios para romper disciplina y votar en contra. Pero al final, logramos lo que nadie hizo: un giro a 360° del primer grupo parlamentario de la oposición.

¿Qué ha hecho Margallo en todo este tiempo? Se ha ido a casa cada noche apagando la luz de su despacho para dormir tranquilo, mientras el principal colectivo de su cartera estaba siendo afectado en su derecho más básico: el derecho a voto. Una vergüenza. Esa es la gente que tenemos que sacar del gobierno, rogando el voto una última vez.

Dos millones de excluidos y una oportunidad

Ayer han sido elegidos 350 diputados y una vez más, ninguno de ellos representa a los dos millones de españoles en el exterior, electorado equivalente al de toda Castilla y León.

El actual sistema imposibilita la representación parlamentaria de la diáspora, cuyos ciudadanos solamente tienen derecho al sufragio activo (votar a otros y ser representados por esos terceros) pero no acceden al sufragio pasivo (recibir votos y ser representantes). Solucionar este déficit democrático pasa por crear circunscripciones exteriores. Otros estados las han puesto en marcha con éxito: Francia, Italia y Portugal, por citar los más cercanos.

Al mismo tiempo se subsanarían los principales problemas técnicos del voto exterior:

  • Se acabarían las polémicas sobre las sacas de voto presuntamente manipuladas, ya que las papeletas no viajarían a las respectivas circunscripciones provinciales de origen de cada residente en el exterior.
  • El voto se cerraría al mismo tiempo que en España.
  • El recuento sería simultáneo, la noche electoral y no tres días después.
  • Se conocería el resultado de cada demarcación consular, ya que se instalaría una mesa en casa consulado con las dos urnas relativas a la circunscripción exterior correspondiente.

Esta rectificación de la Ley electoral necesita retocar levemente el artículo 68 de la Constitución, que actualmente establece que la circunscripción electoral es la provincia.

Hay motivos para creer que muchas cosas ayer imposibles son realizables a partir de hoy. Las elecciones generales 2015 dejan un panorama político inéditamente abierto, que exigirá una gran capacidad de acuerdo y que propiciará el camino a la necesaria reforma constitucional. Los electores han acertado: más allá del resultado concreto de cada partido, hay que ver la situación global como una oportunidad. Si todo sale bien, se verán en España situaciones de madurez y acuerdo similares a las que exige el modelo suizo, donde el gobierno federal está compuesto por 2 socialistas, 1 democristiana, 2 conservadores y 2 ultra-derecha, reflejo de la pluralidad parlamentaria. A todos nos corresponde arrancar un tiempo nuevo, con calma, con generosidad y mucha altura de miras. En ello nos va el futuro de nuestro magnífico país.

Donde sí urge reforma electoral

Quedan menos de cuatro meses para las elecciones generales y la participación democrática de los españoles en el exterior sigue aniquilada por la modalidad de voto rogado, reconocida ya por todos como un error. A finales de año, el residente en el extranjero tendrá que volver a pasar por la maratón administrativa que supone solicitar por escrito su material de voto por correo, cuando antes del año 2011 lo recibía lógicamente de oficio, al ser improbable el despliegue de urnas españolas en un colegio de su barrio.

La situación sufre una permanente degradación a medida que los meses se convierten en años. Observando la consolidación de la desatención política, los electores en el exterior dejan de confiar en los partidos y en unas instituciones estancadas. El voto exterior ha decaído del 31,7% en las elecciones generales 2008 al 4,96% en 2011, ya con el voto rogado. Ha seguido su derrumbe hasta alcanzar el insignificante 1,83% en las europeas 2014 y un desastroso suelo del 0,6% registrado en Canarias en las autonómicas del mes de mayo.

A esto se añade el tinte inconstitucional del voto rogado. Si bien el artículo 68.5 de la Constitución Española establece que “la ley reconocerá y el Estado facilitará el ejercicio del derecho de sufragio a los españoles que se encuentren fuera del territorio de España”, en la práctica se comprueba lo contrario: el Estado complica la participación hasta el extremo de impedirla. Y lo hace en el momento más inoportuno, ya que desde que comenzó la crisis, el censo de la diáspora ha aumentado un 53% (1.205.132 electores en las generales 2008, 1.848.296 electores censados en junio 2015).

Es necesaria una reforma electoral rápida y consensuada, restableciendo la ley en vigor antes del año 2011. Dramática e inexplicable resulta la pasividad del gobierno que, para esta medida, tiene garantizado apoyo parlamentario casi unánime.

En este contexto, causa estupor que el PP pretenda reformar la ley electoral en lo que queda de legislatura obviando esta urgencia para en su lugar volver a plantear que en los ayuntamientos gobierne la lista más votada, idea rotundamente rechazada por otras fuerzas. Los españoles en el exterior, que en varios países gozamos de sistemas públicos con cultura de pacto político, observamos en España nuevos gestos destinados a limitar libertades. Y lamentamos reiteradamente nuestra condición de meros espectadores de un juego del que estamos excluidos. En países vecinos, la diáspora tiene diputados y senadores propios para defender sus derechos, incluso el más fundamental que es el ejercicio del voto.

Me niego a que el voto exterior sea fusilado

Si lo que publicó hoy La Voz de Galicia en clave nacional se realizara tal cual, unos parlamentarios de la subcomisión de reforma electoral se habrían cargado el voto exterior, fusilándolo de golpe. Cerrar un acuerdo para que los residentes en el exterior deban solicitar por escrito el material de voto para ejercer su legítimo derecho constitucional supone conseguir a ciencia cierta una catastrófica reducción de la participación electoral de la diáspora, como ya es el caso actualmente en las elecciones municipales y a los Consejos de Residentes Españoles en el Exterior, órganos consultivos consulares que nadie conoce en España. Y dentro de unos años se argumentaría: “es que a los de fuera no les interesa votar, así que lo suprimimos del todo”.

Por otra parte, no se entiende con qué derecho se pueda supuestamente decidir que los residentes en el exterior dejemos de votar al Congreso de los Diputados (actualmente sí votamos, aunque a través de nuestra provincia de inscripción censal y a diputados que son todos residentes en el territorio). De aplicarse esta mutilación de derechos, estaríamos siendo víctimas de un retroceso democrático de corte mayor, con una merma impresionante en los derechos constitucionales básicos de los expatriados.

Si bien es cierto que es positiva la introducción de una representación parlamentaria directa de la diáspora en el Senado, no se sabe aún si será un cupo fijo de senadores o si se calculará en base a los mismos principios que para los demás españoles. De ser un cupo cerrado y fijado arbitrariamente, no cumplirá con la exigencia de igualdad democrática entre ciudadanos que fija la Constitución: los dos millones de españoles de pleno derecho que residimos en el exterior seríamos automáticamente considerados como ciudadanos a medias, “ciudadanuchos” de “cierra el pico, que decido yo”.

Gran paradoja: el PSOE Europa, que ha sido motor de la reivindicación de la representación parlamentaria de los españoles en el exterior, no ha sido consultado por los parlamentarios que han llevado a cabo estos trabajos en la subcomisión de reforma electoral. Tampoco se ha consultado al Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior, nuestro actual cauce de representación institucional (consultiva, aquí también…), aunque la Ley 40/2006 así lo marque.

Para añadirle leña al fuego: el tenor de los comentarios que leo en la red, que es asombroso. La incultura y la matadora simplificación encienden pasiones. En un blog, se dice que los residentes en el exterior “podrán votar para elegir a cuatro o cinco representantes que pasarán a formar parte del Senado, una cámara conocida por su manifiesta inutilidad, que necesita una reforma desde hace muchos años. Es decir, podrán seguir votando muertos. Pero lo harán con votos muertos, de los que no sirven para nada”.

Lo que ocurre en la cruda realidad es que no votan más muertos desde fuera que en los pueblos perdidos de España, donde hasta se entregan las papeletas en los autocares que van de la residencia de ancianos a la mesa electoral. Y a esos no se les amputa el derecho al voto. Así que, antes de criticar fácilmente a los de fuera, estemos atentos a los de dentro, que no son mejores.

También es totalmente incierto que el voto exterior “altere” cualquier resultado electoral. Su único pecado es ser recontado días después: pero esta es una mera cuestión de organización administrativa, que tendría fácil arreglo si algún responsable de procesos electorales se propusiera cambiarlo. De ninguna manera el voto exterior modifica el resultado: cuenta lo mismo que el voto de una provincia cualquiera. Es muy sencillo: de recontar el voto interior de esta provincia elegida al azar después del voto exterior, se tomaría exactamente el mismo atajo simplista (“tal provincia cambió el resultado”). El voto exterior es pues parte del voto total: se suma al resto y punto. La crítica solo sería pertinente en caso de que todas las provincias españolas votasen exactamente de la misma manera, con los mismos porcentajes de electores a favor de un partido y de otro, y que solamente el voto exterior votase de forma distinta. Y este no es el caso.

Dejemos de criminalizar al voto exterior, dejémoslo de una maldita vez, y pongamos en marcha una representación parlamentaria directa del exterior en el Congreso y en el Senado, con número de escaños calculado en base a las mismas normas aplicadas para los residentes en territorio nacional y con dos circunscripciones (América y Europa). Pongamos en marcha urnas si así lo quiere el PP, pero enviemos el material de voto a casa de forma automática (como se hace ahora para las generales y autonómicas, y como también se hace en otros países) y que cada cual decida si votar por correo o acudir a la mesa. Pongamos además en marcha el voto por internet, que está funcionando con todas las garantías en otros lugares del planeta. Pongámonos a trabajar seriamente, por favor.

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